En estas vísperas a las candidaturas para las elecciones presidenciales 2011- 2016, el tema de la descentralización es el silencio incómodo de los discursos, casi una palabra tabú. La nefasta gestión del canon minero y la pobreza de visión ejecutiva de los más de 2000 gobiernos locales a lo largo y ancho del país hacen manifiesto el camino sin salida en que la descentralización desordenada y pasional nos ha dejado. Evidentemente, la justa carga negativa alrededor del histórico centralismo peruano hace que hablar sobre una marcha atrás suene a oligarquía, más aún en un ámbito electoral de cuya mezquindad ningún candidato se salva. Pues bien, impera reflexionar sobre la descentralización a profundidad para entender en qué se ha fallado, y más importante aún, cuál es el reto para el siguiente presidente de la república.